#CSSEE Capítulo VIII : Un Final Feliz

Capítulo VIII – Un final feliz

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Cuando llegué a la Ciudad de México estaba feliz porque iba a volver a ver a mis amigos después de mucho tiempo. Era septiembre y las clases ya habían empezado, así que me iba a tener que esperar hasta el siguiente semestre para inscribirme a la universidad. Conseguí trabajo en una agencia de telemarketing que tampoco me hacía feliz pero me daba dinero para pagar los recibos telefónicos más caros de mi vida gracias a todas las llamadas a Puerto Vallarta. Estar de regreso en la ciudad era increíble, mis amigos estaban emocionados y yo también. Supongo que superar la separación fue mucho más fácil para mí que para Jessica. Ella tenía que levantarse todos los días para ir a una escuela que tenía nuestros nombres escritos en todas las paredes. Puerto Vallarta estaba inundado de recuerdos que le desgarraban el corazón. Todo le recordaba a mí y ahora visitaba los mismos lugares pero sin mí. Cuando hablábamos por teléfono Jess me contaba lo que había hecho en su día y yo intentaba hacerla reír. Al principio ella siempre lloraba en el teléfono y yo tenía que hacerme el fuerte y decirle que todo iba a estar bien y que estaba ahorrando para ir a verla pronto.

El día en el que cumplí 19 años, mi papá me regaló un boleto de avión para ir a ver a Jessica. No la había visto en varios meses así que la extrañaba mucho, pero por fin iba a abrazarla y decirle cuánto la quería.  Mi plan era no decirle nada y llegar de sorpresa a su casa, pero cuando me marcó para felicitarme por mi cumpleaños no pude resistirme y le di la buena noticia. Jessica gritó de emoción y no dejaba de decirme lo mucho que me amaba. Una noche antes de que saliera mi vuelo, mi papá me aconsejó que me despertara temprano y tomara el metro al aeropuerto con anticipación ya que los lunes por la mañana trasladarse en esta ciudad es un caos y no quería que le llamara para decirle que había perdido mi vuelo. Al día siguiente me desperté, tomé mi maleta y me subí al metro con dirección al aeropuerto. Todo iba bien hasta que de pronto el metro entró a un túnel y se detuvo por completo. No me preocupé mucho ya que el metro siempre hace eso y después de 3 minutos continúa su curso. Esta vez lo único que avanzaba era el tiempo y yo ya estaba empezando a preocuparme. Cuando volvimos a ponernos en movimiento ya no me quedaba mucho tiempo, pero aún existía la posibilidad de llegar justo a tiempo. Cuando llegué a la estación que está afuera del aeropuerto, me bajé del vagón y corrí como si estuviera participando en las olimpiadas. Corrí como nunca, y cuando llegué al primer filtro el guardia de seguridad me pidió mi boleto, lo analizó y me dijo “Ya no puede pasar, joven. Su vuelo está a nada de salir’’. Le dije que iba a ver a mi novia después de meses de estar lejos y que por eso no podía perder mi vuelo. El guardia se me quedó viendo y me dijo que iba a hacer una excepción pero que dependía de mí correr más rápido que nunca para alcanzar a abordar. Cuando llegué al mostrador, le di mi boleto a la señorita pero no me dejó pasar. Me dijo que el avión ya había cerrado sus puertas y que era imposible detenerlo. El avión se alcanzaba a ver desde la sala de abordar; lo vi despegar. Lo primero que hice fue llamarle a mi papá para avisarle que acababa de perder el vuelo y me contestó con un “Te lo dije”.  Jessica y yo habíamos quedado en ir a comer ya que mi vuelo llegaba temprano, así que tuve que llamarle para avisarle que no iba a llegar a nuestra cita. Cuando le marqué, ella me contestó emocionada y me preguntó si ya había llegado a su casa, pero tuve que romperle el corazón una vez más. Mi mamá me vio triste por no haber llegado al aeropuerto a tiempo y me dio dinero para comprar un boleto de camión. El camión hacía 12 horas a Puerto Vallarta, era un viaje largo y tedioso pero estaba dispuesto a tomarlo.  El viaje duró toda la noche y aunque muchos creen que nací sin nalgas, la realidad es que esa noche las perdí en el asiento del camión.

Llegando a Puerto Vallarta lo primero que hice fue buscar a Jessica en el colegio. Cuando la encontré, nos dimos un abrazo que duró más que todo el tiempo que habíamos estado separados. Estuvimos un rato en la escuela y saludé a amigos y maestros, después caminamos a casa de Jess como solíamos hacerlo todas las tardes después de la escuela.  Los papás de Jess nos habían prestado su departamento en la playa para pasar el fin de semana, así que empacamos nuestros mejores trajes de baño y nos fuimos a Punta Mita. Compramos infinidad de bolsas de papitas y comida chatarra para disfrutar del paraíso. Fueron tres días de paz que tenían como objetivo incentivarnos a seguir intentando llevar una relación a larga distancia. En el camino de regreso a Vallarta, Jessica encontró un cuaderno mío en el que dibujaba y escribía letras para canciones o frases que me venían a la mente. Me empezó a hacer preguntas sobre algunas letras y después comenzó a llorar. Le pregunté por qué lloraba y me dijo que había pasado un fin de semana increíble y que nunca había estado más arrepentida en toda su vida de haberse besado con otra persona después de nuestro segundo aniversario. Me pidió perdón en repetidas ocasiones y yo le dije que eso había dejado de importar la noche que detuvo el respaldo del asiento de mi coche para que yo pudiera manejar sin lastimarme la espalda.  Ese fue mi primer viaje a Vallarta después de haber regresado a la Ciudad de México.

Regresé a la Ciudad de México y a mi nueva vida sin Jessica. Empecé a buscar universidades y mi mamá me ayudó a encontrar una. Yo ya no estaba trabajando en la agencia de Telemarketing y acababa de formar un grupo de rock con mi mejor amigo Paul. Paul tocaba la batería y yo la guitarra, pero no teníamos bajista ni nombre para el grupo.  Con el tiempo, Paul había puesto en el sótano de su casa un estudio de grabación que tenía equipo suficiente para grabar un disco independiente. Una noche, después de ensayar, fuimos a cenar tacos y nos propusimos grabar un disco ya que esa era la única manera de salir de la cochera y darle un impulso muy grande al grupo. La primera canción que grabamos fue una que le había compuesto a Jessica justo después de dejar Puerto Vallarta para venir a vivir al D.F. La canción se llamó Siempre y fue la que le dio al grupo el sonido que lo marcó para siempre. Paul y yo seguimos sin bajista por mucho tiempo, entonces nos dedicamos a componer y grabar nuestro primer disco antes de hacer shows. Jessica me preguntaba diario por el grupo y me motivaba a componer cada vez mejor. La banda se convirtió en mi vida, era lo único que pensaba todos los días y me ayudaba a ser  feliz. Un día Jess me marcó por teléfono y me dijo que sus papás le acababan de regalar un boleto de avión para que viniera a verme.  Jessica llegó a la ciudad un miércoles y se quedó hasta el domingo. La llevé a conocer todos los lugares de los que le había contado años atrás en Puerto Vallarta. Solía contarle sobre las casas en las que viví, las plazas que visitaba, museos y teatros; ahora podía verlos con sus propios ojos. Le dedicamos todo un día al tour y después fuimos a comprar una pizza para regresar a casa y ver una película. Al siguiente día la llevé a conocer el estudio en el que estaba grabando el primer disco de mi grupo con Paul, el grupo ya tenía nombre; se llamaba Aeroplano. Le había hablado mucho sobre el estudio a Jessica y era notorio que ella estaba disfrutando cada minuto ahí. Nos vio grabar y le enseñamos algunas canciones que estaban casi terminadas. Durante los pocos días que estuvo conmigo en la ciudad, Jessica ya se sabía todas las canciones del grupo y me pedía que las pusiera en el coche mientras manejábamos; era mi mejor fan.  Esa visita fue importante porque Jessica conoció a mis amigos y el ámbito en el que yo me desarrollaba día a día. Se llevó bien con mis amigos, le encantaba la ciudad y no dejaba de decirme lo divertida que iba a ser su próxima visita. El último día que estuvo aquí la llevé al aeropuerto y desayunamos ahí. Era el día que no queríamos que llegara, lamentablemente no estaba en nuestra manos el poder detenerlo. Estuvimos una hora sentados escuchando mis canciones y  media hora antes de que ella tuviera que entrar a la sala de espera, nos dimos cuenta que estábamos perdiendo tiempo valioso, así que nos besamos en el rincón más escondido del aeropuerto. Nunca fuimos de esas personas que demuestran su amor en lugares públicos, entonces la adrenalina de que alguien nos encontrara era algo que nos emocionaba. En ningún momento perdimos el glamour ni la ropa. Mientras ella me besaba el cuello, una voz que se escuchó en todo el aeropuerto anunció que el vuelo de Jess pronto comenzaría a abordar y eso nos rompió el corazón. Nuestras caras cambiaron completamente, ya no tenían el mismo color ni la sonrisa que nos había durado los cuatro días que Jessica estuvo en la ciudad. Caminamos hasta la entrada de la sala de espera  tomados de la mano y sin decir nada. Cuando llegó el momento de separarnos, sus ojos temblaban y estaban más brillosos que nunca; el llanto era inevitable. Le dije que todo iba a estar bien y que pronto volveríamos a vernos; era una promesa. Nos abrazamos sin decir nada hasta que el agente de seguridad le dijo a Jessica que, si no se apuraba, perdería el vuelo, pues estaba a escasos minutos de despegar. Sentí la necesidad de no soltarla jamás, pero tuve que hacerlo. Jessica empezó a caminar hacia la sala de espera y en ningún momento dejamos de mirarnos. Mi corazón tenía escalofríos y mi cabeza me ordenaba mantener la compostura. De pronto, ya no la alcanzaba a ver. Mi novia se había ido y los dos desconocíamos cuándo y dónde sería nuestro próximo encuentro; solo nos quedaba esperar.

Los siguientes meses fueron largos. Seguí grabando el disco de Aeroplano y saliendo con mis amigos de toda la vida. Me la estaba pasando muy bien y, aunque había días que deseaba estar con Jessica, no podía quejarme, pues las distracciones estaban a la orden del día. Cada día Jess y yo hablábamos por teléfono y no había llamada en la que ella no me preguntara cuándo iba a ir a verla, pero yo nunca tuve una respuesta exacta. Hubo momentos en que nuestro amor parecía comenzar a apagarse debido a la distancia, pero siempre alguno de los dos motivaba al otro para no rendirse y seguir con la relación. Realmente queríamos demostrarle al mundo que tener una relación a larga distancia no era imposible. Y si soy completamente honesto, entonces debo admitir que no fue fácil confiar en Jessica a larga distancia. Ya me había puesto el cuerno antes besándose con alguien más y, aunque ya lo había superado hace tiempo, estar separados comenzaba a revivir viejas heridas. No fue fácil lidiar contra mis oscuros pensamientos, intenté no involucrar a Jessica, pero en poco tiempo me convertí en uno de esos novios que, antes de colgar el teléfono, le piden a su pareja que se porte bien. No tardé mucho en contagiar a Jessica con mi inseguridad y pronto ella estaba pidiéndome que yo también me portara bien. Al poco tiempo nos convertimos en esclavos del teléfono y del MSN. La relación empezaba a deteriorarse. Era claro que mi falta de confianza estaba tragándose todos nuestros esfuerzos por seguir. Tuvimos muchas peleas a raíz de los celos que empezaron a manifestarse. El día que todo explotó fue un viernes en el que estuve esperando a que Jessica se conectara para chatear toda la noche; días antes habíamos acordado que ninguno de los dos saldría ese viernes. La cita era a las 7:00 p.m. y ya eran las 9:00 p.m. y yo no sabía nada de mi novia. Traté de mantener la calma pero fue inútil. Dieron las 11:00 de la noche y Jessica seguía sin aparecer; exploté. Comencé a marcarle a su celular como loco mientras que mi cerebro estaba trabajando duro para diseñar falsas hipótesis de lo que Jessica estaba haciendo y mi corazón se retorcía con cada llamada que se iba directo al buzón. Llegó un momento en el que desistí y me quedé dormido sobre el teclado de la computadora. Al día siguiente Jessica y yo tuvimos una pelea muy fuerte. Ella decía que una de sus amigas la había invitado a salir y que después de un rato su celular se había quedado sin batería. Le dije que no le creía nada, me hice el digno y cerré mi MSN. Jessica me empezó a marcar y no le contesté ninguna de las llamadas. Entramos en una racha de un mes así y si yo no hubiera ido en diciembre a visitarla, seguro que los celos nos hubieran destruido antes de tiempo.

Faltaban sólo unos días para navidad y yo iba llegando a Puerto Vallarta para ver a Jessica por segunda vez desde que regresé a vivir a la Ciudad de México. Llegué a casa de Jessica y toqué el timbre esperando a que ella saliera a besarme como loca en visita conyugal; y no me falló. Nuestra relación había recibido varias heridas en la batalla de los celos, pero después de ese beso de bienvenida todo se regresó a  ser color de rosa. Ese mismo día, después de instalarme en el sofá cama de su sala, fuimos a comer y después al cine. Entramos a la sala que proyectaba Las Crónicas de Narnia;  y, para recordar viejos tiempos, casi no vimos la película. Nos sentíamos los mismos jóvenes de tiempo atrás que no podían quitarse las manos de encima cada vez que no había luz, pero, de alguna manera, ya no éramos los mismos. Fue divertido recordar viejas costumbres en el cine. Regresando a su casa, cenamos con sus papás y su hermano. Ivan hizo una especie de brindis en el que me decía que me apreciaba mucho y que seguía contento por toda la felicidad que veía en su hija. Durante su breve discurso, y con la copa de vino en la mano, mi suegro dejó salir discretas lágrimas de sus ojos. Esa fue la única vez que lo vi llorar. Ivan siempre ha sido una gran persona y no cualquiera puede presumir de tener un suegro fanático de los Beatles y amante de las guitarras. Después del momento emotivo, me entregó una caja envuelta en papel para regalo y me dijo “Feliz Janucá”; en casa de Jessica celebraban esa fiesta judía en vez de navidad. Cuando abrí la caja de regalo, descubrí que en el interior había una cartera de piel de una marca muy prestigiada. Le agradecí a Ivan y le di un abrazo, después me pidió que abriera la cartera y fue cuando encontré dos boletos para tomar un barco con destino a una isla que está a varias millas de la costa de Vallarta. Ivan nos dijo que el barco salía al día siguiente por la mañana, así que era mejor que descansáramos para estar a tiempo en el puerto. Después de cenar todos nos fuimos a dormir.

Al día siguiente Jess y yo nos despertamos temprano y tomamos un taxi con rumbo al puerto. El día estaba soleado y el clima era perfecto para vivir una historia romántica sobre las olas. Cuando subimos al barco, nos dimos cuenta que habían puras parejas mayores; éramos los más jóvenes. Cuando el barco empezó a avanzar, Jessica y yo nos quedamos viendo como nos alejábamos del puerto. A falta de personas de nuestra edad, la barra libre se convirtió en nuestra nueva mejor amiga. El guacamole y las botanas estaban increíbles. Jess y yo nos pusimos a bailar un rato y llamamos la atención de varias parejas adultas que nos preguntaron en más de una ocasión si estábamos de luna de miel. Se me ocurrió que sería buena idea decirles que, en efecto, nos acabábamos de casar; todo esto con el propósito de recibir consejos de parejas que se veían felices después de 30 años de casados. Algunos no aprobaron nuestro falso matrimonio y decían que estábamos muy jóvenes para haber tomado una decisión tan importante. Otros dijeron que no importaba la edad y que si Jessica era la persona que me hacía sentir esos dulces golpes en el pecho todas las mañanas entonces había encontrado  el verdadero amor. Estuvimos platicando mucho tiempo con estas personas y rápidamente nos convertimos en el centro de atención del barco.

Después de dos horas, llegamos a una isla. Nos hicieron bajar del bote y nos llevaron a una especie de teatro al aire libre donde nos sentamos y esperamos a que comenzara el show.  El espectáculo tenía como tema los cuatro elementos e involucraba pirotecnia impresionante; algo que jamás había visto en mi vida. Ya había oscurecido y nos invitaron a la cena/buffet del restaurante de la isla. No recuerdo qué cenamos pero seguro estuvo delicioso. Cada mesa tenía su botella de champaña para celebrar, terminando de cenar Jess y yo llevamos nuestra botella a la orilla de la playa, donde encontramos varias hamacas y nos pusimos a platicar de nosotros hasta que dieron el aviso de que teníamos que volver al barco.  El regreso a casa fue muy tranquilo. Nos acostamos en un camastro del barco y dormimos las 2 horas que tomaba regresar al puerto. Llegando al puerto tomamos un taxi y en menos de diez minutos ya estábamos en casa de Jess una vez más. Ese viaje en barco y las personas con las que tuvimos oportunidad de platicar, me hicieron ver muchas cosas de las que no me había dado cuenta. Jessica era una persona que me quería mucho,  pero ¿me hacía feliz?  Los siguientes días la pasamos bien pero las dudas y la confusión crecían en mi cabeza y sentía la urgencia de volver a casa, a mi ciudad, a mis amigos, a mi vida. Cuando llegó el día, y el momento de despedirnos, no fue tan difícil como en ocasiones anteriores.

Tenía mucho que pensar, pasé días tratando de descifrar qué había pasado entre Jessica y yo. Para empezar, ya no éramos los mismos adolescentes de 16 años que platicábamos todas las tardes sentados en la banquita del pórtico; crecimos. Me dediqué a seguir grabando el disco de mi grupo, así me distraía un poco del tema. Cuando al fin tuvimos una canción que merecía ser lanzada como sencillo, abrimos una cuenta de Myspace y les pasamos el link a todos nuestros conocidos para que la pudieran escuchar; la canción fue Siempre. Fue cuestión de meses para que la canción comenzara a tener altos números de reproducciones en Myspace, ocasionando que nos empezaran a llegar solicitudes por parte programas de radio por internet y de organizadores de conciertos. Para celebrar el éxito que empezábamos a tener, decidimos hacer una tocada en casa de un amigo al que apodamos Terdín. Invitamos a otros grupos que conocíamos para atraer más personas al toquín y funcionó mejor de lo esperado. Paul y yo planeábamos tocar sin bajista ya que aún no contábamos con uno, pero para nuestra buena suerte, uno de los grupos invitados nunca llegó y dejó plantado a su bajista. Cuando empezamos a tocar, el bajista olvidado se dio cuenta que nos faltaba bajista y decidió conectarse al amplificador de bajo. Paul y yo continuamos tocando mientras veíamos a este extraño de lentes conectar su bajo al amplificador. De pronto, todo sonaba más lleno; el bajista misterioso estaba improvisando y no sonaba nada mal. Cuando terminamos la canción, le pregunté su nombre y me dijo que se llamaba Daniel Berdichevsky, pero que todos le decían Chesky. Chesky improvisó durante todas las canciones y su habilidad era impresionante, además, le daba un toque especial al sonido del grupo. Sabíamos que Chesky tenía que ser el bajista del grupo, así que le llamamos para invitarlo a un ensayo y dijo que sí. El ensayo duró media hora y, después de una breve plática, Aeroplano ya tenía bajista. Justo después de la llegada de Chesky al grupo, comenzamos a tocar en diferentes lugares y a conocer personas que nos invitaban a tocar en más eventos. Todo se estaba dando muy rápido y yo empezaba a descuidar mi relación con Jessica. Ella me reclamaba que ya casi no chateaba con ella y sus celos empezaron a crecer. No soportaba la idea de que yo fuera el vocalista y guitarrista de una banda de rock que tocaba casi todos los viernes en diferentes lugares de la ciudad, me decía que estaba segura de que cada noche le ponía el cuerno con alguna de las chicas que me iban a ver tocar. Me molestaban sus celos pero me daba risa que en realidad pensara que mi grupo era un imán de jovencitas locas por el rock y con sed de sexo. Con cada show que Aeroplano daba, más crecían los celos de Jessica. Me empecé a acostumbrar a los celos y a no dejar que me afectaran, después de todo no iba a dejar que me impidieran disfrutar el pequeño éxito que el grupo estaba comenzando a tener. Supe que no estaba siendo el mejor novio del mundo y que estaba descuidando la relación, así que hice un esfuerzo para que, de lunes a viernes, Jess y yo chateáramos por las noches a la misma hora con el propósito de  mantener un balance y mejorar las cosas. Funcionó por un tiempo.

Aeroplano seguía creciendo rápidamente y ninguno de los tres integrantes podíamos creer lo que estaba pasando. Una tarde, mientras respondía los comentarios que nos hacían en el Myspace, contesté uno de una chica que nos decía que nos había agregado porque vio que íbamos a tocar en el deportivo en el que ella daba clases de belly dance. Después de contestarle, me escribió otro comentario y comenzamos a bromear comentario tras comentario hasta que le pedí su correo para así poder chatear con ella. Por supuesto que nada de esto le pareció gracioso a Jessica. El comité conformado por Jessica y… nadie más, había vetado mi amistad con esta chica para siempre. Los celos de Jess esta vez no estaban tan fuera de lugar. Mi nueva amiga empezaba a hacerme sentir algo más que una amistad, pero yo estaba confundido porque no quería lastimar a Jessica varias peleas con respecto a si ya no queríamos estar juntos y nunca podíamos terminar la relación, las noches en el teléfono acababan con un te quiero en vez de un no te quiero volver a ver. El final estaba tomando mucho tiempo en llegar y cada vez los comentarios e insultos eran más hirientes. La relación tenía que terminar lo antes posible por el bien de los dos. Después de mi primer día de universidad, tomé el camión  y le mandé un mensaje de texto a mi nueva amiga contándole lo increíble que estaban las instalaciones de la escuela y lo feliz que estaba de haber empezado la carrera. Todo el camino fui platicando con ella. Llegando a casa me conecté a MSN para chatear con Jessica y contarle sobre mi primer día de clases. Cuando le empecé a contar lo feliz que estaba, ella respondía con indiferencia. Después me interrumpió y me dijo que ella aún no sabía a qué universidad iba a ir y que tenía pocos meses para decidir. Entonces le dije que se viniera a estudiar al D.F. conmigo y su respuesta detonó la bomba. Ella me dijo que teniendo la oportunidad de estudiar en cualquier parte del mundo que quisiera, jamás estudiaría en la misma escuela que yo, ya que ella si quería un futuro de verdad. La bomba detonó. El conteo había terminado y todo estaba volando en mil pedazos. La explosión duró alrededor de media hora. Todas las palabras que Jessica me ponía en el chat se salían de la pantalla y se marcaban en las paredes. De pronto, las mías también comenzaron a hacer lo mismo. Ahora nuestras palabras hirientes se multiplicaban con cada segundo y las paredes empezaban a convertirse en manchas negras que jamás se iban a poder quitar. Estábamos atrapados en un tornado de basura, malos recuerdos y reclamos de una relación que estaba a segundos de colapsarse para siempre. Y de pronto ya no había nada. El silencio era perfecto.

Jessica y yo no volvimos a hablar en mucho tiempo. Nuestra relación había quedado tan manchada que era prácticamente imposible revivirla. Fueron casi tres años los que estuvimos juntos y tuvimos momentos muy buenos que jamás podremos olvidar. Ahora que veo hacía el pasado, puedo dividir la relación en tres etapas: conocernos, divertirnos y destruirnos. Pero hay muchos momentos que hoy me traen buenos recuerdos. Jessica y yo crecimos juntos y estábamos enamorados de la misma música. Vivimos muchas cosas que nos hicieron las personas que somos hoy. Aprendí a perdonar y a creer en los nuevos comienzos. Jessica me sacó del cuarto oscuro en el que me encerraba todas las tardes para no tener contacto con las personas de una ciudad que no me hacía feliz. Tuvimos mucha suerte en tener una historia al lado del mar, con el paraíso como escenografía. Fuimos dos jóvenes que corrían en la playa hacia el atardecer, hasta que cambiamos y nuestros cuerpos se detuvieron antes de llegar a la orilla del mar. Pero el espíritu de dos adolescentes enamorados siguió corriendo hasta que se sumergió y se perdió en el fondo del océano junto con otras miles de historias de amor tan únicas como la nuestra. Jess siempre estuvo para darme ánimos en la música y la manera en la que siempre la recordaré es parada frente al escenario viéndome tocar en la guitarra una canción que le compuse tiempo atrás.

Cuando una relación empieza, el mundo entra en perfecta armonía y todo es felicidad ya que no tenemos motivos para desconfiar. En cuanto uno de los dos lastima al otro, la relación queda marcada y cambia para siempre. Hay veces que la marca desaparece por un tiempo pero, sin importar lo que hagamos, siempre regresa. Es por eso que cuando te enamoras de una persona, aprendes a confiar en ella y cuando pierdes la confianza, el amor se pierde también. Hoy Jessica está viviendo su propia historia en Chicago y ha viajado por gran parte del mundo. Ha tenido varias historias de amor pero aún no llega la que cierre el último capítulo de su libro. Ella y yo somos buenos amigos, después de todo ella siempre sabía qué hacer cuando mi vida no iba bien. Y créanme que nunca olvidaré todas las veces que reímos ella y yo.

Después de la explosión, las paredes regresaron a ser blancas y me di cuenta que había sobrevivido. También noté que Magnolia me acababa de mandar un mensaje a mi celular.

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