#CSSEE Capítulo IX : Magnolia

Capítulo IX – Magnolia

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Todos tienen una historia; la de ella empieza conmigo.

Cuando conoces a alguien y al instante sientes que esa persona va a hacer un gran impacto en tu vida, inconscientemente le empiezas a hacer espacio en tu mente hasta que poco a poco ocupa la mayor parte de tus pensamientos.  Cuando te das cuenta que ella es la pieza del rompecabezas que dabas por perdida, la atesoras como si fuera lo único importante en tu vida. Es difícil plasmar en papel una historia que no conoció casualidades. Todo ya estaba escrito.

La conocí gracias a la música y a lo que más amaba en ese momento: mi grupo. Aeroplano estaba creciendo rápidamente y empezando a llamar la atención en Myspace. Cada tarde, regresando de la universidad, yo me encargaba de contestar los comentarios  y confirmar las solicitudes de amistad que llegaban al perfil del grupo.  Entre esos comentarios, encontré uno que nos había dejado una chica con un nombre de usuario muy peculiar y el cabello más negro que he visto. Fue entonces que una voz en mi cabeza me ordenó que, como buen stalker, me pusiera a espiar sus fotos. Me sentía como un robot sin control sobre mi cuerpo y mucho menos sobre mis acciones; era como funcionar en piloto automático. Cada foto que abría me incitaba a abrir la otra. Mi consciencia intentaba advertirme que mis acciones podrían resultar peligrosas, pero mis ojos se aferraban a mantenerse abiertos. Recuerdo estar sentado en el viejo comedor de mi departamento tratando de buscar las palabras perfectas para redactar un comentario que la obligara a escribirme de vuelta. Media hora después ya le había contestado y estaba en espera de su respuesta. Ella respondió casi al instante y entonces supe que estábamos platicando en tiempo real. Sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal y mi corazón empezó a latir más rápido de lo normal. Volví a ver sus fotos y, sin importar lo pronto que fuera, me sentí obligado a pedirle su correo electrónico. Se lo pedí sin pudor alguno y me lo dio sin dudar. No sabía si ella era muy amigable o mi poder de convencimiento era impecable, pero ya la había agregado a MSN para poder chatear con ella. Esa tarde platicamos por primera vez y no teníamos idea de lo que el destino nos estaba preparando. Todos los días después de la escuela, llegaba a mi casa y me ponía a ver sus fotos en Myspace. Ella tenía algo en los ojos que no me dejaba ver en otra dirección. No sabía cómo describir la sensación en el pecho que me atacaba cada vez que ella me mandaba un mensaje. No creo haber estado enamorado en ese entonces, pero, definitivamente, estaba interesado en saber más de ella. Su sentido del humor era como un imán que me atraía más a ella. Me hacía reír y eso era algo que yo necesitaba desde hace mucho tiempo. No pasó mucho tiempo para que hablar con ella se convirtiera en la mejor parte de mi día. Magnolia era la única persona con la que me interesaba platicar todos los días. Siempre platicábamos de cualquier cosa y en poco tiempo ya nos conocíamos bien.  Todos los días ella me enseñaba diferentes artistas y canciones que yo no conocía y eso me hacía sentir algo más especial por ella. Era como si la música que me mandaba despertara una parte de mi cerebro que llevaba más de 20 años dormida. Cada canción me describía a detalle quién era Magnolia en realidad. Entre notas y letras descubrí que ella era la segunda hija de una señora que había perdido a su esposo en un accidente aéreo meses antes de que Magnolia naciera. Él pertenecía al ejército de Estados Unidos y era parte importante del mismo. Tuvo una carrera impresionante llena de menciones honoríficas y medallas por su participación en diferentes misiones, entre ellas la Guerra de Vietnam.  También me enteré que le gustaba el cine y que era una especie de mujer devora-libros. Uno de sus autores favoritos era Julio Cortázar y estaba enamorada de él. Magnolia también estaba enamorada del universo pero al mismo tiempo le tenía miedo. Había visto millones de documentales y hablaba francés. Magnolia era una chica muy interesante.

Sabía que tenía que conocerla. Moría por invitarla a salir y para eso necesitaba un buen pretexto. Para mi mala suerte, el día que me armé de valor para invitarla a salir, me enteré que ella tenía novio desde 3 meses atrás. No me rompió el corazón pero si me desmotivó a invitarla a salir ya que, por lo general, las chicas con novio no tienen interés en salir con desconocidos. Pasé días convenciéndome de que era mejor olvidarla, pero nunca tuve éxito. Existía ese misterio en Magnolia que tanto me atraía y que me orillaba a querer saber más de ella. Magnolia era de esas chicas que cambiaban su nick de MSN cada diez minutos y eso empezaba a convertirse en una tortura pronunciada. Con cada cambio, mi cerebro se las ingeniaba para crear una historia que explicara su nuevo nick. Y así, al igual que yo, miles de jóvenes de mi edad pasaban horas pegados a la pantalla de la computadora creando su propia historia con alguien más.

El que Magnolia tuviera novio, cada vez hacía más ruido en mi cabeza y eso me preocupaba. No conocía a esta chica, es más, nunca la había visto en persona y de pronto su novio se estaba convirtiéndose en un dolor de cabeza. Lo peor de todo, era que el novio parecía ser un muy buen tipo, eso dificultaba las cosas y me confundía aún más. Decidí invitarla a salir aun sabiendo que ella tenía novio; después de todo salir a comer no tenía nada de malo, o eso es lo que yo mismo me quería hacer creer. Llevábamos muy poco tiempo de conocernos y existía la posibilidad que las cosas se pusieran raras entre nosotros después de mi prematura invitación. Pero yo no podía esperar. No me iba a morir si no la conocía pronto, pero realmente nunca encontré una razón válida para esperar. Dicen que cosas buenas les pasan a los que saben esperar, y yo estaba a punto de probarle al mundo que esa expresión era incorrecta. Una noche me volví a armar de valor y la invité a verme tocar con Aeroplano. Le mandé un mensaje a su celular preguntándole si tenía algo que hacer el siguiente viernes por la noche, pero ella no contestó. Pasaron horas y yo me moría por sentir la vibración de mi celular. En ese tiempo no existían los smartphones y estar en una situación como la mía provocaba una sensación inigualable en todo el cuerpo. Era como estar atrapado en un tornado de emociones que elevaba tu adrenalina al máximo. Y llámenme conservador, pero cambiaría toda la tecnología que me rodea por perderme en ese tornado una vez más, pues ahora, gracias a los smartphones, podemos ver si  la persona al otro lado del teléfono ya vio el mensaje; se ha perdido la emoción. Magnolia nunca contestó mi mensaje y eso significaba que tendría que marcarle a su celular por primera vez. Dudé varias veces antes de  hacerlo, pero, de pronto, volví a entrar en modo robot y mis dedos se movieron como por arte de magia. Respiré profundo mientras esperaba a que Magnolia me contestara. La espalda me picaba, sentía escalofríos constantes y llegué a desear que ella no me contestara con tal de librarme de esa romántica tortura. Pero mis deseos fueron en vano. Magnolia contestó después de que su teléfono sonó tres veces. He escuchado que las chicas tienen una regla que consiste en dejar sonar el teléfono tres veces antes de contestar para hacernos esperar; pero la posibilidad de que ese fuera el caso era casi nula. La voz que escuché del otro lado del teléfono me dio una bofetada tan fuerte que puso mi cuerpo a temblar. Magnolia tenía una voz que me derretía. Me puse como misión hacerle preguntas que la obligaran a hablar mucho para así poder escuchar su voz sin tener que desentonar con la mía. Parecía niño con juguete nuevo y no quería parar de jugar nunca.  Quería escuchar la voz de Magnolia lo más que pudiera. Escucharla hablar era como escuchar un jazz sensual que parecía no tener fin y me estaba encantando. Nunca antes habíamos escuchado nuestras voces y era notorio que teníamos prisa por decir un millón de cosas antes de colgar y volver a conformarnos con nuestra comunicación a base de letras en una pantalla. De pronto, su voz me dio la fuerza para invitarla a salir. Sin dudar le pregunté si quería ir a verme tocar con Aeroplano el siguiente viernes y, para mi sorpresa, ella me dijo que sí.  Estoy seguro que notó el cambio en mi forma de hablar después de que  aceptó salir conmigo. Quería seguir platicando toda la noche con ella. Quería que me contara más sobre sus tareas, los libros que estaba leyendo o lo que le gustaba hacer los fines de semana. Me contó que acababa de regresar de Cuernavaca y su mamá la había recogido de la estación de autobuses. Yo no quería colgar nunca. Magnolia al fin tenía una voz y yo no estaba preparado para que el destino me quitara algo que me acababa de dar. No podía pensar en nada, la escuchaba hablar mientras mi mente se mantenía en blanco y mi corazón aumentaba su velocidad con cada palabra que salía de la bocina del teléfono. Eventualmente tuvimos que colgar y la llamada terminó. Esa noche me enamoré de Magnolia.

Enamorarme de Magnolia fue como enamorarme de una buena canción. El momento en el que pasó fue tan perfecto que pudo haber salido de alguna película de amor. Pero, como toda buena película, la nuestra llegó a su primer clímax, justo cuando el  joven enamorado recuerda que su Julieta está comprometida con alguien más. Había tantas palabras que moría por decirle a Magnolia; entre ellas pedirle que olvidara a su novio y se fijara en mí, pero no me atrevía. Sabía que no era correcto destruir una relación con el propósito de verme beneficiado. Moría por hacerlo, pero no estaba dispuesto a permitírmelo. Además de todo, no sabía si ella sentía lo mismo por mí, así que sólo me quedaba esperar.  La situación se tornó un poco más difícil cuando recordé que había invitado a Magnolia a una tocada de Aeroplano que no existía. Tenía escasos días para organizar algo y el presupuesto no ayudaba mucho. Afortunadamente, el grupo se había caracterizado por hacer las cosas independientemente, entonces sólo necesitaba encontrar un lugar dónde hacer el evento. Recordé que meses atrás habíamos tocado en un evento en el que conocimos a Zelma, una chica que cantaba en un grupo de pop. Nos hicimos buenos amigos y nos ofreció su casa para hacer una fiesta en la que su grupo y el nuestro pudieran tocar. Así que, sin pensarlo más, me reuní con Paul y Chesky para platicarles sobre la idea de organizar una tocada. Lo platicamos por unas horas y, sabiendo que teníamos el tiempo encima, nos pusimos en acción rápidamente. Como lo mencioné antes, el grupo no estaba en posibilidades económicas de organizar algo grande, entonces nos las ingeniamos para organizar la fiesta exprés más barata de la historia.  Nos ajustamos a un presupuesto muy bajo y, haciéndole tributo al alcohol más barato que encontramos para servir en la barra libre, bautizamos la fiesta con el nombre de  Tonayan Fest. En menos de una semana ya teníamos todo listo. Hicimos maravillas con el poco dinero que teníamos y ahora sólo me quedaba esperar que Magnolia no cancelara mi invitación y que la fiesta generara algo  de dinero para invertirlo en la producción del primer disco de Aeroplano.

Llegó el día del Tonayan Fest y al fin iba a conocer a Magnolia. Le marqué para preguntarle si aún íbamos a vernos y a qué hora quería que la recogiera.  Cuando ella contestó, su voz volvió a hacer impacto en mi cabeza y me hizo sentir igual que la primera vez que la escuché. Ella me dijo que el plan seguía en píe y que podía pasar a recogerla a las 6:00 de la tarde. Después de las buenas noticias, mi mundo se hizo tan pequeño que le di más de trece vueltas corriendo a toda velocidad mientras gritaba de la emoción. Dieron las 4:00 de la tarde y le pedí a mi amigo Boss que me prestara su coche para ir a recoger a Magnolia. Tal vez exageré al querer irme tan pronto, pero ella vivía algo lejos y yo tenía miedo de perderme, pues no había entendido muy bien las instrucciones que me dio para llegar. Boss amaba su coche deportivo del año y prefirió llevarme hasta el otro lado de la ciudad. Él manejaba más rápido que yo; además, tener chofer en el tráfico de esta ciudad es una bendición. Cuando Boss nació, sus padres lo nombraron Hugo, pero cuando lo conocimos, Paul lo bautizó como Boss;  Hugo Boss. Busqué a Paul para decirle que iba a recoger a Magnolia y que regresaría a tiempo para tocar. Todo el camino fui contándole a Boss sobre Magnolia. Le conté que ella me hacía reír todos los días, que tenía el cabello negro y que vivía en una casa amarilla al norte de la ciudad. Ninguno de los dos teníamos idea de cómo llegar a casa de Magnolia, el tráfico estaba intentando arruinarme el día y yo sólo podía agradecerle a mi cerebro por haberme brindado la inteligencia para salir con tiempo de sobra. Estuvimos perdidos por mucho tiempo, hasta que oscureció y yo me empecé a preocupar por no regresar a tiempo a la fiesta. Algo me decía que estábamos cerca, pero aun así necesitaba estar seguro.  Fue entonces que me di cuenta que el estar perdidos era la mejor excusa para escuchar la voz de Magnolia una vez más; sólo tenía que marcarle y pedirle auxilio vial. Sintiéndome la mente más brillante del mundo, le marqué a Magnolia y le pedí que me orientara, pero para mi sorpresa ella no sabía cómo llegar desde donde yo estaba, así que me pasó a su mamá y la llamada se convirtió en una conversación muy incómoda. Mi plan no había funcionado y ahora me sentía como la mente más estúpida del mundo. Afortunadamente Boss y yo ya íbamos en la dirección correcta y, al parecer, no nos faltaba mucho para llegar. Conforme nos íbamos acercando, mi corazón latía más fuerte,  era como si quisiera decirme algo con cada latido. Mi pecho estaba a punto de estallar y eso sólo podía significar que estaba a sólo unas cuadras de casa de Magnolia. Era como jugar Frío y Caliente con el corazón. PUM PUM , PUM PUM, PUM PUM, PUM. De pronto, mi corazón se detuvo y morí. Boss siempre ha dicho que, lo que estoy a punto de contar, nunca pasó, pero yo lo recuerdo perfectamente: Después de morir, mi espíritu se bajó del auto, flotó hasta la reja blanca de cinco metros de altura que protegía la casa de Magnolia y, sin dudarlo, tocó el timbre.  La mamá de Magnolia se asomó por la ventana y le dijo a mi espíritu que su hija no tardaba en bajar. Alguien prendió la luz de la sala y la cerradura de la puerta empezó a sonar. Se escucharon unos pasos y la cadena de la reja se empezó a mover; cuando dejó de moverse, la reja se abrió y, en un parpadear, desperté en el  coche de Boss. En menos de un segundo, mis ojos se volvieron a cerrar y sentí  que mis venas se llenaban de energía. Sentía electricidad correr por todo mi cuerpo y era como viajar en un espiral blanco a más de 160 km/hr mientras AC/DC tocaba Highway to Hell a todo volumen. Cuando mis ojos se abrieron de nuevo, Magnolia estaba parada frente mí y se veía increíble. Volví a nacer.

Estaba parado frente a la chica más hermosa que había visto en toda mi vida y no sabía qué decir. Los ojos de Magnolia eran del mismo color café que el de las hojas más oscuras del otoño, y al verlos por primera vez,  vi en ellos millones de imágenes de Magnolia pasar en cámara rápida. Sus ojos tenían mucho que contar, pues las imágenes eran tantas que yo no lograba apreciar ninguna a detalle. Sin éxito, intenté enfocar mejor la mirada para verlas todas, hasta que una de ellas se quedó fija en su mirada por un poco más de tiempo y vi que aparecíamos ella y yo besándonos en la banca de algún parque bajo la luz de mil estrellas. Cuando la imagen desapareció, mis ojos no podían creer lo que acababan de ver. Era imposible que las dos personas que salían en esa imagen fuéramos nosotros, pues nunca antes nos habíamos visto en persona y mucho menos nos habíamos besado.  Lo que acababa de ver me había provocado el deseo implacable de besar a Magnolia, pero sabía que si lo hacía iba a despertar golpeado en alguna cárcel del país. Así que sólo me permití ver sus labios para darme cuenta de lo que me iba a perder. Los labios de Magnolia tenían un color tan vivo que no necesitaban labial ni brillos artificiales para demostrar que eran perfectos. El labio inferior era un imán que me pedía a gritos que lo atacara a mordidas, mientras que el superior no perdía oportunidad para coquetearme sin perder el glamur. Mientras me enamoraba de los labios de Magnolia, no podía dejar de escuchar Ensayo de una Boca de Fernando Delgadillo repetirse una y otra vez en mi cabeza. Necesitaba ver sus ojos de nuevo, así que comencé a subir la mirada, pero tuve que detenerme a la mitad del camino pues me encontré con una nariz respingada por la que muchas mujeres pagarían grandes cantidades de dinero.  Pero esta nariz era natural y no había cirujano que la pudiera igualar. Magnolia tenía cejas negras que eran simétricamente perfectas. Esas cejas pronunciadas eran tan expresivas que no era difícil suponer que ya la habían traicionado antes al querer esconder sus sentimientos. El cabello de Magnolia era tan negro que se perdía en la oscuridad de la noche. Magnolia no era más alta que mi labio superior y tenía un cuerpo de tentación que asesinaba miradas. No podía creer lo que tenía enfrente de mí. La saludé como si la conociera de toda la vida y juntos caminamos al coche de Boss mientras le contaba toda nuestra travesía para encontrar su casa.

Un minuto antes de llegar al Tonayan Fest, Paul me marcó preocupado para decirme que me apurara. Le dije que estaba llegando y colgué el teléfono. Nos bajamos del coche y le dije a Magnolia que me tenía que ir directo al escenario pero que Boss se iba a quedar con ella. Cuando entramos a la fiesta, yo corrí hacia el escenario y agarré mi guitarra. Paul y Chesky ya estaban listos para empezar a tocar y yo no podía creer la cantidad de personas que había en la fiesta. Entre la gente, habían muchos amigos nuestros; los demás eran algo así como los amigos de los amigos de los amigos de nuestros amigos. Busqué a Magnolia entre la gente y cuando la encontré supe que estábamos listos para empezar a tocar. Esa noche, Aeroplano sonó mejor que nunca. Fue la primera vez que nuestros amigos cantaron con nosotros a todo pulmón y nos demostraron que se sabían todas las letras de memoria. Eso provocó que algunos de sus amigos hicieran como si también se supieran las canciones, sólo para no quedarse fuera. Fue una noche muy buena.

Cuando la fiesta terminó, Boss nos llevó a casa de Magnolia. Ella iba en el asiento de atrás diciéndonos qué calles tomar, pero de pronto dejamos de escuchar su voz; se había quedado dormida. Nunca voy a poder olvidar su cara mientras dormía. No me atreví a despertarla; había sido una noche muy larga y ella parecía estar teniendo el mejor sueño de su vida. Hice mi mejor esfuerzo para llegar a casa de Magnolia sin perdernos y Boss siguió mis instrucciones como si fuera el asistente de doctor en plena cirugía. Llegamos a casa de Magnolia y despertarla fue muy difícil, no porque me causara culpa, sino porque aunque le zarandeara los brazos, ella no se despertaba. Cuando al fin logré despertarla, me dio las llaves de su casa sin decir nada y empezó a caminar como zombi hacía la reja de su casa. El llavero tenía varias llaves y abrir esa reja parecía ser toda una odisea. El candado de la cadena estaba por adentro, uno tenía que meter las manos en los huecos de la reja e intentar abrir el candado sin ver.  Sabía que me iba a tomar varios intentos abrir la reja, entonces respiré hondo para no perder la paciencia e hice mi primer intento. Sin ver, escogí la primera llave que sentí a mi alcance y rogué por que fuera la correcta.  La llave entró en el candado a la perfección y de pronto hice todo el proceso automáticamente, como si llevara años haciéndolo. Abrí todas las puertas en el primer intento y cuando Magnolia ya estaba adentro de su casa, sin decir nada, me dio un beso en el cachete y se fue a dormir dejando la puerta abierta y a mí sin palabras. Cerré la puerta y le puse la cadena a la reja. Boss me llevó de regreso a casa y me fui a dormir con mis jeans puestos y rogándole al universo que me dejara verla una vez más y pronto. No recuerdo si esa noche soñé con Magnolia, pero al día siguiente desperté y me di cuenta que en la bolsa de mi pantalón tenía sus llaves.

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